Jill Shropshire gir贸 la llave en la cerradura e inmediatamente sinti贸 que algo se romp铆a. Se qued贸 inm贸vil por un momento, incr茅dula: la llave se hab铆a partido y ten铆a un pedazo en la mano.
鈥淣o estaba mirando lo que hac铆a y simplemente la met铆 en la cerradura鈥 Creo que la puse al rev茅s y la romp铆 dentro de la cerradura鈥, cuenta hoy Jill a CNN Travel. 鈥淟o primero que pens茅 fue: 鈥楢y, no. Esto no est谩 nada bien鈥欌.
Jill se dio la vuelta para mostrarle la llave rota a su hermana Jan Shropshire. Pero Jan ya se hab铆a dejado caer en una de las camas individuales y se estaba quitando las botas.
鈥淓staba borracha鈥, dice Jan a CNN Travel. 鈥淵a me estaba metiendo en la cama鈥.
Jill llam贸 la atenci贸n de Jan agitando la llave rota.
鈥淐reo que acabo de dejarnos encerradas por accidente鈥, le dijo a su hermana.
Con los ojos entrecerrados por el sue帽o, Jan rest贸 importancia a la preocupaci贸n de Jill y apenas levant贸 la vista.
鈥淵a llamaremos abajo por la ma帽ana. Todo estar谩 bien鈥, murmur贸 mientras se cubr铆a con las s谩banas.
Jill mir贸 alrededor de la habitaci贸n. Las dos hermanas estadounidenses, de poco m谩s de 20 a帽os, se hospedaban en un B&B rural ubicado en una antigua casa remodelada en la regi贸n inglesa de Midlands.
鈥淣o hab铆a tel茅fonos鈥, recuerda Jill. 鈥淓ra 1997鈥.
No solo no hab铆a tel茅fono fijo en la habitaci贸n: ninguna de las dos hermanas ten铆a tel茅fono celular.
Nada de eso auguraba un buen desenlace. Pero Jill tambi茅n estaba cansada y un poco ebria: esa noche ambas hab铆an tomado varios gin tonics en el pub del pueblo.
As铆 que ella tambi茅n se meti贸 en la cama.
鈥淵a veremos c贸mo resolverlo por la ma帽ana鈥, le dijo a su hermana menor, que ya hab铆a cerrado los ojos.
Durante la noche, Jill se despert贸 aproximadamente cada hora al recordar el problema y preguntarse qu茅 iban a hacer.
鈥淢e despertaba por el estr茅s鈥, recuerda.
Todav铆a aturdida por el cansancio y el alcohol, se repet铆a que no hab铆a nada que pudieran hacer hasta la ma帽ana siguiente.
Pero la combinaci贸n del desfase horario y el alcohol hizo que las hermanas durmieran hasta mucho despu茅s de las 11 a.m. Cuando finalmente despertaron, el B&B estaba en silencio. Esperaban llamar la atenci贸n de otros hu茅spedes. Tal vez la due帽a pudiera escucharlas.
鈥淧ero todos ya se hab铆an ido a pasar el d铆a fuera, as铆 que no hab铆a nadie que pudiera ayudarnos鈥, recuerda Jill.
鈥淓st谩bamos completamente solas鈥, dice Jan.
No ten铆an comida en la habitaci贸n, salvo un 煤nico frasco de mantequilla de man铆. Tampoco hab铆a ba帽o. Y segu铆an atrapadas.
Las hermanas no estaban exactamente entrando en p谩nico. De hecho, a ambas la situaci贸n les parec铆a, al menos en parte, bastante divertida. Pero tampoco quer铆an pasar todo el d铆a encerradas en un dormitorio.
鈥淎s铆 que abrimos la ventana鈥, recuerda Jill. 鈥淟a puerta principal quedaba justo debajo de nosotras. Pero no pasaba nadie por la calle; nadie entraba ni sal铆a. Nos quedamos much铆simo tiempo en la ventana gritando. Golpe谩bamos la puerta y sac谩bamos la cabeza por la ventana鈥.
Nadie respondi贸. La tranquila calle inglesa parec铆a completamente desierta. Oficialmente, las hermanas estaban atrapadas.
Mientras crec铆an en el sur de EE.UU. durante las d茅cadas de 1980 y 1990, Jill y Jan siempre so帽aron con visitar Inglaterra. En concreto, so帽aban con conocer Shropshire, un condado situado en la regi贸n de West Midlands, cerca de la frontera con Gales.
No suele figurar entre los principales destinos tur铆sticos, pero para Jill y Jan ese deseo era personal.
鈥淣uestro apellido es Shropshire, as铆 que quer铆amos conocer Shropshire鈥, explica Jan.
En 1997, las hermanas decidieron emprender su primer viaje juntas: una traves铆a de mochileras por Reino Unido, con Shropshire como el gran objetivo.
鈥淭erminamos en Shrewsbury鈥, dice Jill.
Esta hist贸rica ciudad de Shropshire est谩 llena de edificios medievales, calles pintorescas y un centro hist贸rico que se remonta al per铆odo Tudor. Era la Inglaterra con la que las hermanas siempre hab铆an so帽ado.
鈥淵 encontramos un B&B muy bonito al final de una calle sin salida鈥, recuerda Jill. 鈥淓ra una casa antigua. Entrabas y hab铆a un peque帽o mostrador. Todo ten铆a un aire muy de casa de la abuela. No s茅 cu谩ntas habitaciones hab铆a en la planta baja, quiz谩 tres o cuatro como mucho. Nosotras est谩bamos en el tercer piso鈥.
En ese 煤ltimo piso hab铆a una puerta de vidrio insonorizada al final de las escaleras y, despu茅s, un pasillo que conduc铆a a dos habitaciones peque帽as.
El pintoresco B&B era la base perfecta para explorar la zona. Jan y Jill disfrutaban recorriendo las calles empedradas, entrando al medieval castillo de Shrewsbury y sumergi茅ndose en la cultura de los pubs ingleses.
En su segunda noche en la ciudad, decidieron pasar varias horas en uno de los pubs.
鈥淐omimos鈥, recuerda Jill. 鈥淟uego empez贸 a llegar m谩s gente. Tomamos algunos tragos鈥︹.
Las hermanas comenzaron compartiendo pintas de cerveza con los habitantes del lugar y despu茅s pasaron a su bebida favorita: gin tonic.
Disfrutaban conversando con los dem谩s clientes del pub y cont谩ndoles c贸mo hab铆an terminado en esa ciudad.
鈥淔ue maravilloso鈥, recuerda Jan sobre aquella noche. 鈥淎unque me decepcion贸 un poco que a nadie le impresionara que nuestro apellido fuera Shropshire鈥.
鈥淎 nadie le import贸鈥, dice Jill entre risas.
鈥淎 nadie le import贸 en absoluto鈥, coincide Jan, encogi茅ndose de hombros. 鈥淣osotras pens谩bamos: 鈥樎縉o les parece algo especial?鈥. Y todos respond铆an: 鈥楴o鈥︹欌.
Mientras regresaban tambale谩ndose al alojamiento, Jan y Jill se sent铆an euf贸ricas. Era muy emocionante viajar juntas y descubrir por primera vez un lugar completamente nuevo. Siempre hab铆an querido conocer m谩s del mundo. Su aventura en Shropshire parec铆a el comienzo de un nuevo cap铆tulo.
Quedar atrapadas en la habitaci贸n del B&B no formaba parte de esa visi贸n de esta nueva y emocionante etapa.
Cuando las hermanas despertaron y se dieron cuenta de la situaci贸n, a ninguna le cab铆a en la cabeza lo que estaba pasando, pero ambas agradec铆an estar juntas.
鈥淗abr铆a sido mucho m谩s estresante si hubiera estado sola鈥, dice Jan.
鈥淥 con cualquier otra persona鈥, a帽ade Jill. 鈥淎lguien m谩s podr铆a haber entrado en p谩nico y eso habr铆a hecho todo mucho m谩s estresante鈥.
鈥淣osotras dos pens谩bamos: 鈥楧e alguna manera esto se va a resolver鈥欌, coincide Jan. 鈥淣o vamos a quedarnos en esta habitaci贸n para siempre. En alg煤n momento saldremos鈥.
Despu茅s de pasar un rato gritando por la ventana sin obtener respuesta, Jan y Jill decidieron quitarse la pijama y tratar de aprovechar el d铆a lo mejor posible.
Comieron un poco de la mantequilla de man铆 que ten铆an para alimentarse, pero como no hab铆a cubiertos, tuvieron que sacarla del frasco con un pedazo de cart贸n doblado.
La falta de un ba帽o distaba mucho de ser ideal, pero encontraron una soluci贸n (m谩s o menos) funcional.
鈥淗ab铆a un lavamanos independiente鈥︹, recuerda Jill.
No era una gran soluci贸n. Pero la mayor preocupaci贸n era la salud de Jan.
鈥淗e tenido diabetes tipo 1 toda mi vida鈥, explica. 鈥淓n 1997 usaba un frasco de insulina y jeringas, que ya no se usan porque ahora tenemos plumas de insulina, bombas de insulina y otras opciones. Pero en esa 茅poca, en cada B&B donde nos hosped谩bamos, le ped铆a al due帽o que me permitiera guardar la insulina en el refrigerador鈥.
Como Jan estaba atrapada en la habitaci贸n, no pod铆a acceder a su medicamento.
鈥淎s铆 que pas茅 varias horas all铆 arriba sin insulina鈥.
Aun as铆, Jan procur贸 no preocuparse. No hab铆a nada que pudiera hacer y se sent铆a relativamente estable. Adem谩s, estaba convencida de que lograr铆an salir antes de mucho tiempo.
鈥淪implemente me sent茅 otra vez en la cama y me puse a leer鈥, dice Jan.
Las dos hermanas hab铆an llevado montones de libros para su viaje de mochileras de dos semanas. Aunque cargar las maletas de un tren a otro era una molestia, en ese momento agradecieron tener esa distracci贸n.
Las horas pasaban. De vez en cuando volv铆an a gritar por la ventana o a golpear la puerta. Pero el B&B 鈥攜 la calle en general鈥 segu铆an completamente vac铆os.
Ya casi anochec铆a cuando las hermanas finalmente escucharon movimiento en el pasillo. El d铆a anterior hab铆an conocido a una pareja rusa que se hospedaba en la habitaci贸n contigua, pero cualquier intento de mantener una conversaci贸n m谩s larga hab铆a fracasado por la barrera del idioma. Ahora o铆an voces apagadas en el pasillo.
Jill y Jan se miraron. Jan estaba en shock.
鈥淣o pod铆a creerlo, porque llev谩bamos all铆 encerradas much铆simo tiempo鈥, dice.
Jill se levant贸 de un salto. No quer铆a perder la oportunidad. Empez贸 a gritar y a golpear la puerta.
鈥淢e levant茅 de inmediato pensando: 鈥楧ios m铆o, tengo que llamar su atenci贸n antes de que entren a su habitaci贸n o se vuelvan a ir鈥欌, recuerda. 鈥淐reo que empec茅 a gritar desesperadamente: 鈥樎yuda, ayuda!鈥欌.
鈥淵 yo pensaba: 鈥楲a van a ignorar. Solo van a o铆r golpes y voces, y no van a hacer caso鈥欌, dice Jan.
Pero, aunque los otros hu茅spedes del B&B no entend铆an exactamente lo que Jill dec铆a, s铆 reconocieron el p谩nico en su voz. Respondieron gritando algo en ruso. Luego las hermanas escucharon unos pasos que bajaban por las escaleras.
Pocos minutos despu茅s oyeron las disculpas apagadas de la due帽a del B&B.
鈥淓lla estaba justo al otro lado de la puerta, as铆 que pod铆amos hablar con ella鈥, dice Jill. 鈥淓staba mortificada, pero en realidad toda la culpa era m铆a, porque fui yo quien rompi贸 la llave dentro de la cerradura. Aun as铆, no dejaba de disculparse y estaba horrorizada de que hubi茅ramos pasado todo el d铆a encerradas all铆鈥.
La due帽a les grit贸 que llamar铆a a un cerrajero. Pas贸 un rato m谩s y volvi贸 a escucharse movimiento en la puerta. El cerrajero hab铆a llegado.
鈥淐reo que simplemente desmont贸 todo. Desarm贸 la perilla de la puerta y nos sac贸鈥, dice Jill.
Cuando por fin la puerta se abri贸, Jill y Jan apenas pod铆an creer que volv铆an a estar libres.
鈥淪alimos enseguida, porque llev谩bamos horas all铆 encerradas鈥, recuerda Jan. 鈥淔uimos a comer y salimos a caminar鈥.
Shrewsbury les pareci贸 todav铆a m谩s encantadora despu茅s de haber pasado un d铆a entero encerradas en la habitaci贸n del B&B. Las hermanas regresaron al pub para brindar con un trago de 鈥済racias a Dios ya no estamos atrapadas鈥.
鈥淵 nos dieron otra llave. No s茅 si esa noche volv铆 a encerrarnos o no. Creo que no鈥, dice Jill.
Casi 30 a帽os despu茅s de aquel encierro en el B&B, Jill y Jan todav铆a se r铆en de la llave rota y del d铆a que pasaron atrapadas en la habitaci贸n del 谩tico.
鈥淓sas peque帽as cosas, esos peque帽os contratiempos, hacen que el viaje sea m谩s memorable鈥, dice Jill. 鈥淟a pasamos muy bien recorriendo Reino Unido como mochileras. Vivir este tipo de contratiempos te hace m谩s resiliente. Sabes que puedes afrontar las cosas鈥.
鈥淵 adem谩s nos re铆mos mucho de nosotras mismas鈥, a帽ade Jan.
鈥淓so s铆鈥, responde Jill.
Desde aquel inolvidable primer viaje, Jan y Jill han vuelto a viajar juntas en muchas ocasiones. Hoy tambi茅n trabajan juntas y dirigen un negocio de joyer铆a.
La filosof铆a de las hermanas, tanto en el trabajo como en los viajes y en la vida, es, por lo general, que 鈥渓o que tenga que pasar, pasar谩鈥. Creen que los contratiempos que vivieron mientras viajaban cuando ten铆an poco m谩s de 20 a帽os contribuyeron a forjar esa actitud positiva.
鈥淣o nos estresamos, salvo que nuestra vida est茅 en peligro鈥, dice Jan.
Jan cree que esa forma de ver la vida probablemente tambi茅n tiene que ver con haber crecido con diabetes.
鈥淐uando tu punto de partida es cargar una piedra sobre la espalda, todo lo dem谩s est谩 bien y hasta resulta gracioso鈥, dice.
鈥淢e gusta tener la actitud de que la vida es buena鈥, coincide Jill. 鈥淪olo hay que seguir fij谩ndose en las cosas buenas de la vida y mantener la curiosidad, tener curiosidad por el mundo que te rodea鈥.
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